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Llega el horario de verano. La madrugada del sábado 24 de marzo al domingo 25 deberemos adelantar nuestros relojes, de modo que a las 02:00 horas serán las 03:00.
Una directiva de 2001 estableció que el último domingo de marzo y octubre, es decir dos veces al año, se llevaría a cabo el cambio de horario.
Los ciudadanos dispondrán de una hora menos de sueño, ya que los relojes se adelantan una hora a las 02:00 horas de la madrugada.
El cambio de horario se empezó a generalizar a partir de 1974, cuando se produjo la primera crisis del petróleo y algunos países decidieron adelantar sus relojes para aprovechar mejor la luz del sol y consumir menos electricidad.
Defensores y detractores
Con el cambio de hora, el ahorro en iluminación en los hogares será de unos 300 millones de euros, (6 euros por hogar y 210 correspondientes a edificios e industria), según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).
Esta medida también tiene sus detractores, que alegan que el cambio de hora genera efectos perjudiciales sobre la salud humana y animal, ligados a la secreción de melatonina, una proteína que regula el sueño.
Efectos en la salud
Los efectos de este cambio en el organismo, aunque leves, tienen su reflejo en la salud. Según los expertos, «las consecuencias son transitorias y leves en la población sana y nuestro organismo solo necesitará tres o cuatro días para acoplarse a este nuevo horario, aunque bien es cierto que algunas estadísticas indican un discreto aumento de la accidentalidad los días posteriores a un cambio de horario».
Reducir el tiempo dedicado a la siesta y levantarse 15 minutos antes durante los días anteriores al cambio son algunos de los consejos que ayudan a adaptarse mejor al cambio.